México extrae el mineral. China lo convierte en valor. Esa ecuación, tan simple como devastadora, define uno de los problemas estructurales más urgentes que enfrenta la minería mexicana.

China controla entre 70% y 90% de la capacidad de refinación de minerales críticos como litio, cobalto, tierras raras y manganeso, además de concentrar buena parte de la manufactura de baterías y otros componentes tecnológicos. 

El problema para México es que, aunque cuenta con importantes recursos minerales y una producción minera que generó alrededor de 17,500 millones de dólares en 2024, gran parte de sus exportaciones corresponden a materias primas o productos con poco procesamiento. 

Esto significa que el país obtiene ingresos por la extracción, pero pierde buena parte del valor económico generado en las etapas posteriores. 

El caso del litio es especialmente relevante: México posee grandes recursos, pero actualmente carece de una cadena de procesamiento que produzca compuestos como carbonato o hidróxido de litio, necesarios para fabricar baterías.

China no llegó a dominar la refinación de minerales críticos por accidente. Llegó porque decidió, hace décadas, que el valor estaba en la transformación no en la extracción. Construyó la infraestructura, formó los ingenieros, absorbió las pérdidas iniciales y esperó. Hoy, quien quiera fabricar un motor eléctrico, un chip o una celda fotovoltaica necesita pasar por algún punto de la cadena china.

La situación plantea un reto para México ante la creciente demanda de minerales críticos vinculada con los vehículos eléctricos, baterías y tecnologías de transición energética. Para que México aproveche realmente sus recursos, el país necesita desarrollar capacidades propias de refinación, procesamiento y manufactura, en lugar de limitarse a exportar minerales sin transformar.

Fuente: Mineria en Linea

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